Discurso de apertura - Cumbre de los Alcaldes del C40

Queridos amigos y colegas,

Antes de nada, quiero agredecer a nuestro anfitrión y anigo Miguel Ángel Mancera, sin quien nuestra Cumbre no sería posible. Nos acoges de la mejor manera en tu ciudad inspiradora. Desde hace varios años ya, vas tomando las medidas valientes e innovadoras que tenemos que tomar, nosotros los alcaldes, frente al cambio climático y a la contaminación del aire. Y lo haces porque como cada uno de nosotros, sabes que es por el bien de la calidad de vida de tus conciudadanos y del atractivo de tu ciudad.

Antes de nada, quiero felicitar a nuestro compañero Eduardo Paes por haber sido un excelente presidente del C40. Un presidente no sólo visionario sino que también pragmático. ¡De hecho, como todos los buenos alcaldes! Eduardo y yo nos conocimos hace mucho tiempo ya y creo que tenemos mucho en común. Coincidimos en considerar que tanto las ciudades como los ciudadanos tienen un papel fundamental en la superación de los grandes desafíos de nuestra época. Te doy las gracias, querido Eduardo, por todos tus logros inspiradores. Y que quede claro, mi presidencia no podría empezar de mejor manera que siguiendo tus pasos.

Os quiero agradecer ahora a todas y todos por su confianza unánime. Mi presidencia estará marcada por la convicción y el compromiso. Tengo la convicción de que las ciudades disponen de innumerables soluciones concretas que permitirán a la humanidad superar los desafíos planetarios que ya hemos empezado a enfrentar. Tengo el compromiso de hacer emerger estas soluciones con el fin de lograr un progreso universal y compartido por el bien de la ciudadanía.

Ya no tenemos tiempo para esperas, especulaciones o pesquisas. Tal y como Leonardo di Caprio lo afirma y demuestra, tenemos que poner actos concretos y colectivos antes de que sea tarde. Hay tres cosas por hacer : actuar, actuar y otra vez actuar. Actuar allá donde estemos, con las oportunidades e instrumentos de los que dispongamos y en contacto con una realidad que nos es sin la menor duda conocida.

Por esta razón son nuestras ciudades las que primero responden a la llamada del desafío climático. Y es así porque nuestras ciudades dialogan, intercambian, establecen vínculos a pesar de las diferencias, tienen libertad para actuar y potestad para hacerlo.

Frente al escepticismo de ciertos jefes de estado y la cobardía que paraliza a otros, respondemos guiados por un solo principio, la acción, y aplicamos un único método, que consiste en derribar muros y tender puentes.

Las ciudades siempre se han situado a la vanguardia del cambio. Siempre han generado lo que después serían progresos. Siempre han intuido el futuro y de cierto modo, se han anticipado y adelantado a él. Por esta razón se han convertido en protagonistas determinantes de la transición ecológica mundial. El ejemplo más ilustrativo es la firma del Acuerdo de París, donde la contribución de más de mil alcaldes que reunimos con mi querido Mike Bloomberg, fue decisiva para que hoy los estados puedan alcanzar los objetivos ambiciosos. Es nuestro deber potenciar esta dinámica. Las ciudades deben participar, a través del C40 y de iniciativas como el Global Covenant of Mayors for Climate and Energy, en todas las grandes negociaciones internacionales. Las ciudades serán la voz de la gente y de la calle, olvidada con demasiada frecuencia, y ofrecerán soluciones concretas, pragmáticas y eficaces.

Los alcaldes del C40 estamos preparados para actuar y lo haremos sin demora. Llevamos diez años demostrando que un mundo bajo en carbono, sí es posible. Y es que es posible en nuestras ciudades y gracias a ellas. Es la misión que asumo como nueva presidenta del C40, esta extraordinaria red en la que participan ya 90 metrópolis de todo el mundo y que representa una población de más de 650 millones de habitantes y un cuarto de la economía mundial.

Para 2030, las ciudades del mundo serán responsables del 74% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Ante semejante situación debemos ser ambiciosos pero también concisos. Visionarios pero también pragmáticos. Con ese talante, tendremos que descarbonizar la economía, cerrar las centrales de carbón, generalizar la movilidad ecológica y triplicar el número de trenes de alta velocidad. Con ese talante, tendremos que otorgar prioridad a la economía circular y a la ecoconcepción, fomentar la educación en medioambiente y optar por una transición energética radical, eficaz y compartida.

Ya en muchos lugares optamos por las energías limpias y luchamos contra la contaminación acabando con el cartel del diésel y favoreciendo los transportes eléctricos, el coche compartido y la bicicleta. Nos preparamos para el ascenso de las temperaturas adaptándonos a ese cambio. Vegetalizamos las ciudades y liberamos sus centros de la supremacía del coche, como hemos hecho en París con la creación de un inmenso parque a orillas del Sena, que os invito a descubrir cuanto antes.

Sin embargo, debemos ir más lejos y más rápido. La prioridad en este momento es implementar el Acuerdo de París. Si lo logramos, la humanidad tendrá la posibilidad de sobrevivir. Si fracasamos, la temperatura media del planeta se elevará entre tres y cuatro grados de aquí a final de siglo y se multiplicarán los fenómenos climáticos extremos como ya varias de nuestras ciudades vivieron.

Por todos estos motivos, los doce alcaldes que formamos el Comité Ejecutivo de C40 nos reunimos ayer para aprobar una estrategia que permita a los alcaldes de las ciudades más influyentes del mundo adoptar en los próximos cuatro años, las medidas necesarias para implementar el acuerdo y lograr que el aumento de la temperatura no supere el grado y medio.

En la práctica, esto se traduce en que desde hoy hasta el año 2020, el C40 ayudará a sus ciudades a desarrollar planes de acción climática coherentes con los objetivos del Acuerdo de París. El objetivo final es que para el 2020 todas nuestras ciudades que hayan implementado un plan de acción climático que les permita restringir este aumento de temperatura.

Si alcanzamos ese objetivo, los alcaldes del C40 nos convertiremos en el primer grupo de líderes políticos que hayan contribuido tanto a la ratificación del Acuerdo de París como a su aplicación, haciendo de nuestros ciudadanos unos modelos de referencia.

El informe que publica hoy el C40 señala precisamente esta perspectiva. Al volver a poner de relieve el papel fundamental que juegan las ciudades en la aplicación del acuerdo, nos alienta a acelerar y amplificar el movimiento que hemos sabido iniciar juntos.

Es precisamente en los ámbitos de energía y planificación de nuestras queridas ciudades donde está a nuestro alcance la posibilidad de reducir las emisiones en un 40% y por tanto aplicar con éxito el Acuerdo de París.

Todos somos conscientes de que para lograrlo necesitamos y necesitaremos financiación. Esto será el nervio de la paz en los años por venir. Según nuestro informe, la aplicación de nuestras necesarias políticas públicas requiere una inversión de 375 mil millones de dólares en los próximos cuatro años.

No hay más remedios : juntos iremos a buscar ese dinero.

Así que nos enfrentamos a una ecuación que es fácil comprender pero no solucionar. Hoy en día existen los medios financieros, pero no contribuyen —o mejor dicho no lo suficiente— a la resolución de los grandes problemas del planeta. Por tanto, es nuestro deber orientarlos hacia la transición ecológica y energética transformarlos en una inversión con mil formas y mil rostros que recorra las ciudades. Solo nosotros podemos tender puentes entre un sector financiero que se considera a menudo alejado del día a día, y unos territorios profundamente enraizados en este. Esta es la misión que nos encomiendo a nosotros, líderes locales y globales. Sé que podemos llevarla a cabo porque soy testigo de la resilencia, creatividad y pragmatismo que somos capaces de desarrollar con el fin de construir soluciones efectivas e innovadoras.

Eduardo Paes ya inició esta labor creando la C40 Finance Facility. Respaldados por este programa, debemos reinventar nuestras ciudades, es decir permitir que todos nuestros conciudadanos creen con total libertad para dar vía libre a una innovación arquitectónica, cultural, económica, social y societal. Y es lo que haremos impulsando en nuestra red el proyecto Reinventar las ciudades, que se basa en el exitoso Reinventar París. Es lo que haremos también lanzando DataCity, una iniciativa apoyada por NuMa, el incubador más importante de París, que permitirá poner la innovación tecnológica al servicio de las ciudades sostenibles.

Hoy debemos aprender a construir en común los espacios que mañana compartiremos. Reinventar nuestras ciudades implica también reinventar nuestras formas de gobernar. Supone hacerlas entrar en una nueva era en la que desempeñarán el papel de catalizador de las ideas, los proyectos y los deseos de los ciudadanos. En nuestras ciudades, la transición ecológica y energética ha de acompañarse de una nueva evolución democrática.

Dicha perspectiva debe dejar espacio a las mujeres que protagonizan la lucha contra el cambio climático. Esta lucha necesita líderes que sean conscientes de que solo se pueden alcanzar metas cuando se asumen responsabilidades sin esperar recompensa; líderes que sepan aunar perseverancia, cautela y humildad. La lucha por el Clima necesita, en una palabra, mujeres. La historia de la mujer es una historia de batallas y de victorias. La transición ecológica será su próximo desafío. ¡Y será también su próxima victoria!

Las mujeres conocen bien la fuerza de la esperanza y el poder de la voluntad. Día tras día mueven montañas en un mundo que las ignora. En mi opinión de primera mujer presidiendo el C40, es fundamental que sepamos destacar la importancia de estas heroínas que serán las pioneras de esta revolución pacífica. La ecología está íntimamente relacionada con la igualdad. Del mismo modo que la defensa de la naturaleza no puede separarse de la defensa de la cultura. La lucha por el medioambiente va de la mano de la lucha por la igualdad entre mujeres y hombres y por ello las alcaldesas de C40, que crecemos en número de forma fenomenal año tras año, lanzaremos mañana la iniciativa clave Women4Climate.

Somos conscientes de que todo esto no será sencillo. Pero debemos ser valientes a la par que visionarios para superar juntos el mayor desafío de la humanidad. La motivación es obviamente la solidaridad pero también es —y debemos asumirlo— el interés; pues este reto supone a su vez nuevas oportunidades; económicas por supuesto, pero también sociales y políticas. Nuestro llamamiento a la iniciativa privada está clarísimo : ¡Ayudadnos a transformar el mundo!

Antes de acabar, me gustaría agradecer de nuevo a nuestro anfitrión y amigo Miguel Ángel Mancera, Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, por acogernos en su magnífica ciudad. También me gustaría dar las gracias a los principales donantes del C40 que acaban de renovar su compromiso con nuestro proyecto y cuyas donaciones ascenderán a 40 millones de dólares en los próximos cuatro años. Sin ellos nada de esto sería posible. Gracias a Bloomberg Philanthropies, a la Children Investment Fund Foundation y a Realdania por su liderazgo y confianza. Y obviamente gracias también a todos vosotros alcaldes por vuestro compromiso con el desafío climático, el desafío del siglo XXI.

Un gran escritor y viajero, Antoine de Saint-Exupéry, el autor del célebre Principito, escribió una vez que “nuestra tarea no es prever el futuro, sino hacerlo posible”.

Juntos en nuestras ciudades, hagamos que el futuro sea posible.