Mayores restricciones para la circulación de vehículos son la última medida en la lucha de la Ciudad de México contra la contaminación del aire

Por Manuel Olivera, Regional Director for Latin America C40

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La Comisión Ambiental de la Megalópolis del gobierno federal ordenó recientemente a más de 2 millones de automóviles permanecer en casa cada día para ayudar a hacer frente a la crisis de contaminación del aire en la Ciudad de México.

Los altos niveles de contaminación atmosférica que afecta a la Ciudad de México desde mediados de marzo de 2016 han llevado a las autoridades a declarar la primera contingencia por contaminación por ozono en más de una década. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los niveles de ozono en el aire no debe superar los 100 microgramos por metro cúbico. Sin embargo este límite se ha superado varias veces en las últimas semanas. Una vez que el nivel de ozono en la ciudad alcanzó 160 microgramos por metro cúbico, la Comisión Ambiental de la Megalópolis emitió una declaratoria de emergencia.


En 1992, las Naciones Unidas informaron que la Ciudad de México era la ciudad más contaminada del planeta. Gracias a una serie de programas integrales, -llamados ProAires- durante las últimas dos décadas la ciudad ha registrado impresionantes reducciones en los niveles de contaminación del aire, así como las emisiones de CO2. Estos programas incluyen políticas para restringir la circulación de ciertos vehículos privados contaminantes. Las nuevas restricciones en el uso de vehículos particulares durante la semana y los sábados aplica a más de 2 millones de automóviles, casi el 40% de la flota privada que circula todos los días, así como hasta un 20% de las motocicletas .

Otras medidas adoptadas por la ciudad en los últimos años incluyen la verificación de las emisiones de los vehículos para determinar el cumplimiento de las regulaciones de emisiones; la instalación obligatoria de convertidores catalíticos en los vehículos nuevos; la reducción del contenido de azufre en el combustible diesel; un aumento en el número de autobuses propulsados ​​por gas natural; la construcción de carriles dedicados para bicicletas y el retiro de 1,500 autobuses y microbuses contaminantes. El sistema de transporte Metrobús de la Ciudad de México alcanzó en el año 2005 a ser el sistema más extenso en América Latina. El programa de bicicletas compartidas Ecobici es el más grande de la región. Estos esfuerzos de la ciudad fueron reconocidos con el Premio 2013 C40 para la Calidad del Aire, que consideró la diversidad de acciones así como el impresionante logro en la reducción de las concentraciones ambientales de contaminantes primarios, incluyendo el 97% de las emisiones de plomo, el 89% de SO2, el 79% de CO2 y el 66% de PM10, durante un período de 25 años.
 

Con estas acciones, y las últimas restricciones a la circulación de vehículos en la ciudad, el Gobierno Federal y el Jefe de Gobierno Mancera y su equipo de trabajo están tratando de evitar hasta 5,000 muertes prematuras al año. De acuerdo con la "calculadora de aire", publicada por el Instituto Mexicano para la Competitividad, la contaminación del aire produce más de 822,000 ingresos hospitalarios en la Ciudad de México, a un costo anual de $41 millones de dólares y otros $193 millones de dólares en pérdida de productividad.

Los críticos de las medidas de control de la contaminación del aire en la Ciudad de México han sugerido que la restricción a la circulación vehicular crea el incentivo para que los conductores adquieran más de un automóvil. Otros se quejan que la geografía de la metrópoli, situada en un valle rodeado de montañas que atrapan el aire sobre la ciudad, significa que la contaminación es inevitable y por lo tanto la acción de restricción vehicular es una pérdida de tiempo y esfuerzo.
 

Mientras que algunos ciudadanos siempre exigirán su derecho a contaminar, emitir libremente gases de efecto invernadero y crear congestión vehicular, es el deber del gobierno de la ciudad salvar vidas y proteger la salud de la población, en particular los individuos más vulnerables como son los niños y los adultos mayores.

La contaminación del aire es sólo uno de los efectos más visibles del cambio climático que afecta a la Ciudad de México. Se estima que las actuales restricciones a la circulación vehicular mitigarán la emisión de cerca de 6,500 toneladas de CO2 por día, lo cual es un importante esfuerzo de la ciudad al combate al cambio climático. Como miembro destacado del Grupo C40, la Ciudad de México seguirá invirtiendo en el transporte público de bajas emisiones, como los autobuses, tranvías y taxis eléctricos, el uso masivo de bicicletas y el uso compartido de automóviles, con el fin de acelerar la transformación del sistema de transporte en la ciudad y el cumplimiento de sus ambiciosas metas de acción climática.